Pequeños detalles, grandes alegrías.
No sé si es que soy fácil de complacer, o si encuentro alegría en cosas demasiado simples, o si una cosa mundana y sencilla me hace ser feliz, pero la cuestión es que las cosas son así. No quiero cosas caras, ni que me lleven a lugares exóticos, ni que todos estén sobre mí haciéndose pasar por mis amigos cuando no lo son. Al contrario, no necesito absolutamente nada de eso, porque no encuentro felicidad en ellos. Encuentro felicidad en saber que alguien se acuerda de mi, en recibir la llamada de alguien que está lejos y ocupado pero aun así tiene tiempo para recordarme, en reír hasta que se me salgan las lagrimas y el estómago me duela, en ver a la gente que quiero junto a mi y saber que soy importante para ellos, el recibir un abrazo grupal que me hace sentir como si no hubiera mejor momento que ese. Quizás no sea algo perfecto, pero son las imperfecciones lo que me gustan, porque hace a cada momento único. Podría revivir días así una y otra vez, y al morir, daría gracias por haberlos tenido. Quizás no sean especiales para algunos, quizás no haya nada grande y fantástico, quizás sean pequeños detalles. Pero para mí son especiales, para mi son los mejores y esos pequeños detalles, esos son los que no cambiaría por nada-Solo yo sé cuanto amo los pequeños detalles-.
No sé si es algo tonto, pero es lo que me hace sentir completa. Son los que, cuando me siento sola o vacía, me llenan, porque recuerdo la otra cara de la moneda, y recuerdo lo hermoso de hallar felicidad en cosas mínimas. Esas risas, esas bromas, esos momentos, esos recuerdos, a esas personas, no las cambiaría por nada, porque son lo mejor que tengo, son parte de mi y de lo que soy.
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