Sufro por haberte perdido, aunque en realidad tu nunca me perteneciste. Nunca fuiste mío como para darme el lujo de perderte. Tu ni siquiera sabías que te quería de la manera en que te quiero. Nunca supiste que quería tus besos, tus caricias, tus palabras, tus ojos enamorados puestos en mi. Que quería ser aquella persona que pusiera una sonrisa en tu cara, tan solo al verme o al pensar en mí. Quería ser todo para ti. Pero querer y poder no siempre es lo mismo. Y, a pesar de todo, yo sabía que no estábamos para estar juntos, porque somos completamente diferentes, y yo nunca podría ser lo que estás buscando. Y duele. Duele perderte aunque no fueras mío. Duele pensar en lo que jamás podremos ni llegaremos a ser.
Hay muchas cosas que no digo. Cosas que me limito a ver, pensar, o relacionar, pero nunca digo en voz alta. Incluso son más las cosas que no digo, que las cosas que sí. Todos tenemos secretos, por supuesto. Todos tenemos cosas que preferimos callar, cosas que preferimos mantener para nosotros mismos. Pero ¿sabes qué? A veces es bueno dejar salir algo de eso que tanto guardamos, eso que tanto encerramos tan fuertemente dentro de nosotros. A veces es mejor librarse de esa carga inútil que tenemos en la mente. Y, ¿De qué mejor manera que escribiendo, si es lo único que me hace sentir libre? Me gustan cosas raras, porque son cosas que nadie le presta la atención necesaria. A veces ni siquiera sé de qué hablo, solo hablo por hablar, pidiendo en silencio que alguien realmente me escuche. Tiendo a ser nostálgica y romántica, pero no me gusta que la gente sepa eso de mi. Nunca sé cuando estoy diciendo algo bien o algo mal, nunca sé cómo expresarme con palabras oral...
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