La luna se ha convertido en mi acompañante nocturno, en mi confidente, en mi amiga para cuando el insomnio parece insoportable, la que está ahí aunque no la vea. Si hablaras con ella quizás te diría mis secretos, todo lo que callo, todo lo que pienso en mis desvelos (y mira que son muchos). Quizás, si insistes mucho, ella te revele los sentimientos que guardo hacia ti. O quizás no. Lo más probable es que guarde silencio. Es muy buena para eso. Uno habla, ella escucha, y así funciona. Quizás si logres mirar más allá puedas ver el aprecio que le tengo, por qué incentiva la poesía, el amor, las pasiones. Incluso puede que, en algún momento futuro, podamos sentarnos juntos a contemplarla, a dejarnos llevar por las maravillosas sensaciones que transmite ella con su luz, hacer que desee ser nosotros, mientras somos libres, mientras amamos y nos dejamos llevar por nuestros sentimientos. Quizás puedas aprender a amar la melancolía, la nostalgia, la añoranza, junto a mi.
Hay muchas cosas que no digo. Cosas que me limito a ver, pensar, o relacionar, pero nunca digo en voz alta. Incluso son más las cosas que no digo, que las cosas que sí. Todos tenemos secretos, por supuesto. Todos tenemos cosas que preferimos callar, cosas que preferimos mantener para nosotros mismos. Pero ¿sabes qué? A veces es bueno dejar salir algo de eso que tanto guardamos, eso que tanto encerramos tan fuertemente dentro de nosotros. A veces es mejor librarse de esa carga inútil que tenemos en la mente. Y, ¿De qué mejor manera que escribiendo, si es lo único que me hace sentir libre? Me gustan cosas raras, porque son cosas que nadie le presta la atención necesaria. A veces ni siquiera sé de qué hablo, solo hablo por hablar, pidiendo en silencio que alguien realmente me escuche. Tiendo a ser nostálgica y romántica, pero no me gusta que la gente sepa eso de mi. Nunca sé cuando estoy diciendo algo bien o algo mal, nunca sé cómo expresarme con palabras oral...
Comentarios
Publicar un comentario